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Manel Alvarez
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> ........algo sobre África
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    El material es el mensaje, pero no todo el mensaje

By M. Vázquez Montalbán

Si fuera cierto que el origen de nuestra especie se dio en África, de alli procede la más arcana memoria y si en el hombre sobreviven y conviven el cerebro del pez, del anfibio, del reptil, del cuadrúpedo y del mono ¿no pueden sobrevivir y convivir las memorias de su capacidad de representar lo material y lo inmaterial, copiando o fantaseando, insustituible definicíon del arte?. Lo cierto es que cuando el formalismo artístico tocó, en e tránsito del siglo XIX, con el final del espejo o retrocedió o lo traspasó lo suficiente como para redescubrir el arte primitivo, a manera de retorno a las fuentes de la representación y el desvelamiento. Aunque también hay que apreciar que el redescurimiento de las formalizaciones primitivas abastecía de esa búsqueda de la geometria esencial del código de la representción que las artes habian perdido tratando de captar la realidad de la humanidad y la cosmogonia burguesa. El cubismo no fue otra cosa que la búsqueda de la geometria fundamental de todo lo existente.

Luego vino la interpretación literaria o la literaturización de aquella necesidad de retorno a las fuentes. Muchos escritores y artistas europeos del siglo XX ha sentido la llamada de África, como se recibe la llamada de un instinto u a veces escritores y artistas han podido debatir entre ellos el por qué de esa llamada, caso de Jhon Bowles y Barceló, Barceló se transladó a Mali donde recicló su sensorialidad, dentro del perpetuo crecimiento de uno de esos artistas sin limites que aparecen muy de vez en cuando. Manel Álvarez no sintió el reclamo africano como una provocación al viaje sino como un paso más allá de su propia capacidad de encontrar. Con anterioridad, el escultor habia encontrado maderas, metales, piedras que le provocaban trabajos y dias para modificar la materia en busca de su alma o sueño dormido o esos materiales servian de soporte de sus obsesiones: consequir que el mármol vuele o que el hierro se convierta en la estructura esencial del toro, no lo toquéis más, asi es el toro en su geometria, caracterizaban ya a un escultor dueño y señor de su poetica. Para llegar a ella, Álvarez habia asimilado el patrimonio de Harp, Brancusi; o Moore; referencias que constata la critica Maria Lluisa Borrás, al tiempo que valora en el escultor mas su encantamiento por el material que utiliza que una expresa voluntad simbólica. Y tal vez por esa seguridad poética conquistada, necesitaba acercarse al abismo, a la inseguridad, esta vez en busca de una obsesión temática. África. África es nuestro primitivismo inmediato y nuestro subconsciente, incluso en el alma de la geografia, África figura por debajo de la cintura del consciente europeo, a trazar, más o menos desde la punta de Tarifa hasta el canal de Suez.

En ese subconsciente tangible, donde cada dia se alteran Geografia e historia, el ser humano está más cerca de su consciencia animal y de una poética consecuente. Por ejemplo, si alquien decide que su hermano es un cocodrilo podrá sumergirse en las aquas de lagos y rios repletos de saurios porque su hermano anfibio le respetará. Pero Álvarez no esculpe conscientemente un cocodrilo total sobre tierra que prolonga sus escamas con un propósito simbólico, sino como respuesta a una provocación formal, volumétrica, espacial, aunque más que un ninguna de sus tongadas escultóricas anteriores, en torno a estas africanidades se forme el aura de una comunicación subterránea con lo intuitivo. En Acercamiento al inconsciente, Carl G. Jung describe como el proceso civilizatorio ha reprimido lo intuitivo en el hombre y en cambio los llamados primitivos utilizan los instinctos para comprender y comprenderse. En el civilizado, lo intuitivo reprimido se abre camino a través de los sueños o de la propuesta artistica.

Más allá del espejo de lo real inapelable, como Alicia en busca del pais de las maravillas. Predominan las máscaras en esta oferta escultórica porque asi como la máscara en el norte racionalista es un día de fiesta y de sinceridad al año, el dia de Carnaval, en África es instrumento de participación e identificación. En todos las culturas, la máscara representa la ocultación de la personalidad a través de la ocultación del rostro es decir del alma o como protección para adquirir otra personalidad. Tal vez el mejor resumen de la función de la máscara según los simbolistas de daba a Eduardo Cirlot, cuando la descubre como aliada de la tranformación de la personalidad para lo misterioso o para lo vergonzoso... lo equívoco y lo ambiguo se produce en el momento en que algo se modifica lo bastante para ser ya otra cosa, pero aún sigue siendo lo que era. Ese proceso de metamorfosis debe ocultarse y de ahí la máscara, la ocultación tiende a la transfiguración a faciltar el traspaso de lo que se es a lo que se quiere ser, dimensión mágica de la máscara presente en la tragedia griega o en las liturgias religiosas primitivas. La máscara equivale a crisálida de una nueva personalidad y en el aspecto más negativo de esta voluntad de cambio, aparece la metáfora brahmánica de que Shiva creó un monstruo leontecéfalo de cuerpo delgado, expresión de su propio apetito y cuando su criatura le pide un cuerpo que de vorar, el dios le dice que se coma a sí mismo y el monstruo lo consigue reduciendose a la condición de máscara. No esta lejos esta lectura de la máscara de la que hace Octavio Paz en El laberinto de la soledad cuando interpreta la máscara del mexicano como la muralla que se establece entre la realidad y la persona, una muralla... no por invisible menos infranqueable, de impasibilidad y lejania, que Paz convierte en un paradigma inapelable de la mexicanidad: El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos también de si mismo.
Para el artista Manel Álvarez la máscara es una provocación formal en si misma, como lo sería el rostro que oculta en relación con los materiales que emplea. Su conocimiento de las formalizaciones del arte africano se vieron fortalecidos durante su estancia en Atlanta para realizar esculturas públicas dentro de la convocatoria olímpica. El hecho de que en Atlanta radique una de las pricipales centrales mundiales de arte africano ofreció al escultor catalán la oportunidad de establacer la relación entre ver y crear, similar a la que el escritor establece con la lectura. En cierto sentido el hombre es lo que come, el escritor es lo que lee y el artista lo que ve y en el caso de Manel Álvarez, artista de tensiones no sólo entre materiales, sino también entre lo que ve y lo que esa visión le desvela, su metabolismo le lleva más al territorio de materializar un desafío mental y sensorial que a ofrecer un discurso simbolista. Si recordamos su etapa rica vinculada al imaginario taurino, la resultante geométrica de toros, toreros, manolas, detalles del tocado llevaba invariablemente el nombre de ferro (hierro) porque la intención fundamental, la más fundamental de las intenciones del artista, es que el material sea el mensaje y el resto interpretativo lo aporte el receptor. Que el material sea el mensaje, de la misma manera que para el fotógrafo la decisión del clic es el instante técnico, no quiere decir que no haya habido un periodo anterior de apropiación intelectual y sensitiva que conducirá a la hora de la verdad del artista ante la provocación de la materia. Ese ha sido el proceder de Álvarez de siempre y lo que es en esta propuesta africana en la que se enfrenta a la descodificación de máscaras, yelmos, petos, objetos, adornos, siluetas de grupos espectrales alternando rugosidades y pulidos, hierros y mármol de Carrara, basaltos y piedra travertino. En El arte y sus objectos, se preguntaba mayeuticamente Richard Wollheim hace ya casi treinta años, si artes como la pintura o la escultura eran ante todos objectos fisicos, lo son y encambio, argumentaba, ni Uliles de Joyce ni El caballero de la Rosa de Strauss son objectos fisicos y menos aun la obra musical que la novela, porque se podria establecer que el formato libro y todo lo que implica representa una forma de pretextualidad. Un cuadro o una escultura son objectos físicos y el papel de los materiales y texturas se ha ido incrementado a medida que desparecía la dictadura de la figuración y la representación. Pero ese objecto fisico sin el aura de ser propuesta abierta a la interpretación, desde la sospecha de que el autor ha ejercido el derecho del desvelamiento, podria convertirse en un simple pisapapeles o pisa céspedes.

Esta artista enfrentado al desafío temático africano es cien años más viejo, y por lo tanto más moderno, que aquellos pintores y escultores que en el tránsito del XIX al XX encontraron en lo africano el derecho a la recuperación de la mirada y la función mas del arte, en un viaje hacia atrás, remontando las corrientes del gusto marcado por la retina de las clases hegemonicas. Álvarez sabe que aquella inmersión en la pureza representó sobre todo un replanteamiento lingüistico que algunos asumienron absolutamente y otros lo incorporaron sincréticamente. Mane lÁlvarez ha traducido su imaginario africano desde su propria posición moral como escultor convocado para realizar una otredad mediante materiales que estaban allí esperando formar parte de una dramaturgia: argumento: África.

Dramaturgo: Manel Álvarez. El espectador debe aplicar ante todo la mirada descodificadora de la propuesta unitaria, reconocerá la evolución de una estilística. Además el espectador es muy libre de llegar a la conclusión de que Manel Álvarez, a su modo, en un animista: ha descubierto el alma de las piedras, los metales y las mederas.